viernes, 1 de junio de 2007

"Me ha salido fatal" y otras mentiras de la Uni

Llega junio, época de sol, época de exámenes. Es muy triste que normalmente haya que asociar el buen tiempo con hincar los codos en una biblioteca infecta, pero mira... así está el mundo. Siempre que llegamos a estas entrañables fechas, me viene a la mente frases que siempre amigas y compañeras de clase han pronunciado nerviosas en la previa o en el "post-partido" de algún examen.
- "No he estudiado nada": como Elvis, un clásico entre los clásicos. Es la típica frase que tu compañera bajita y pizpireta te dice, con mirada de cordero degollado, justo antes de entrar en el aula. Y aunque sabes que te la está clavando, aunque SABES que ha pasado sus últimos siete días recluida en el rincón más oscuro de la biblioteca... te lo tragas. Y la animas, le das un par de consejos y le tranquilizas diciéndole que todo saldrá bien. Lo que precisamente lo que ella quiería oír. Mi pregunta es: ¿por qué lo hacen?
- "Buf, iba tan mal de tiempo que he descartado un montón": lo que significa que, en lugar de memorizar palabra por palabra la definición de reflexividad y su impacto en la sociología del siglo XX, ha decidido aprenderse los autores sólo por su apelliDo, sin memorizar también su nombre de pila. Es lo que tiene eso de "montón": al final, las cantidades, las cosas, TODO, es relativo.
- "Oye, ¿me dejas mirar tus apuntes? Es que los míos están fatal": espectacular la fiebre "completista" de algunas universitarias. Esto, en realidad, es el equivalente al "hazte con todos" de los Pokémon: aunque la chica en cuestión tenga los apuntes más chulos del mundo, redactados a mano o a ordenador, con marcas de colores, letras fluorescentes y multicoloradas... nunca es suficiente, y debe asegurarse de que no hay NADIE que tenga unos apuntes más molones que ella.

- "Buf... que mal me ha salido... SEGURO QUE ME SUSPENDEN...": la puntilla definitiva, la frase apocalíptica, las palabras que causan que mi cerebro sufra un colapso y mis oídos sangren de indignación. Normalmente, esta frase la dice siempre una chica que, cómo no, se ha quedado hasta el final del examen escribiendo... y reescribiendo... y repasando las tildes... y volviendo a escribir. Al final, corre nerviosa hacia el examinador, le entrega el papel sin mirarle a los ojos, agarra su bolso y se marcha del aula, con una mirada de preocupación que cambia a medida que se libera de la tensión del momento. La chica SABE que lo ha clavado, que lo ha puesto todo, hasta el nombre de la madre del historiador que descubrió los fósiles prehistóricos en Tombuctú. Pero nada de eso importa: siempre sale a relucir esa necesidad de apoyo y comprensión, de "pobrecita que cree que ha suspendido", de "no te preocupes que seguro que apruebas". Claro que va a aprobar: de hecho casi siempre se cumple la Regla del 3. Me explico: si en algún momento una tía se atreve a pronosticar una nota ("seguro que me pone un 5 sólo, me ha salido FATAL"), coge ese número y súmale 3 puntos para obtener la nota final COMO MÍNIMO. Nunca falla.
Me dejo otras muchas en el tintero. ¿Alguna otra frase que deba añadir?

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