jueves, 7 de junio de 2007

Lección 2: "Verdadera" sinceridad

En absoluta me molesta que las mujeres saquen mejor nota que yo. De hecho, en una vida como la mía, plagada de exámenes entre instituto primero y facultad después, sólo ha habido UNA vez que haya sacado la mejor nota de la clase (primero de carrera, "Historia del Mundo Actual"). El resto de mis notas siempre se ven empequeñecidas por los dieces "clavaos" del resto de mis compañeros, mujeres y hombres por igual.

Lo que antes intentaba poner de manifiesto era esa actitud de "corderito que va al matadero" que muchas chicas demuestran antes, durante y (lo que más rabia me da) DESPUÉS de un examen que saben a ciencia cierta que han aprobado. Es esa necesidad de reafirmación, de solidaridad, de simpatía por parte de unos compañeros a los que parece dar motivos para pensar eso de "pobrecita, que mal lo está pasando, seguro que sí que le ha salido muy mal".

Por eso, declaro con rotundidad mi negativa a que a mí se me exija un mínimo de "sinceridad" cuando:

1. Siempre la llevo por bandera: es una de mis pocas virtudes... y en ocasiones, uno de mis muchos defectos.

2. La insincera es aquella chica (o chico, cuidado) que adopta un papel de victimismo y de auto-flagelación mental y verbal cuando, en lo más profundo de su corazón... sabe que ha contestado a todo correctamente. Hijas mías: ni vayáis de víctimas ni vaciléis de lo bien que os ha salido. Como ha recomendado mi compañera (está por ver si predicará con el ejemplo, ejem...): "id a la vuestra", y seréis respetadas.

Y con esto y un bizcocho, dejemos las "chorradas" por hoy y hablemos de temas "serios". Ea.

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